Parque Natural de Las Lagunas de Ruidera

Sobre este lugar

En el límite de las provincias de Albacete y Ciudad Real, y en medio del extenso Campo de Montiel, nos encontramos, casi sin previo aviso con un oasis de agua y vegetación; el Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, en cuyo punto más alto, la Cabeza de San Pedro se encuentran el Castillo de Rochafrida y la Cueva de Montesinos. El parque natural se encuentra repartido entre los municipios de Argamasilla de Alba, Ruidera, Alhambra (sin lagunas), Ossa de Montiel y Villahermosa.

Es uno de los lugares más bellos, silenciosos y extraños de España. Las Lagunas de Ruidera no son exactamente lagunas sino pequeños lagos, puesto que sus aguas son profundas, transparentes y corrientes. Según que el color del travertino manchego sea dorado o gris o azulado y verdoso, la laguna parece un topacio o una perla o un zafiro o una esmeralda. «Tan transparente es el agua, que desde las alturas se puede ver el vientre nacarado de las carpas”. Este es un extracto de la descripción sobre las Lagunas de Ruidera que dejó plasmada en su libro Por tierras de La Mancha (1959) el periodista y escritor Víctor de la Serna, que percibió el encantamiento de sus paisajes.

Además de por su belleza y por su riqueza natural, el Parque Natural de las Lagunas de Ruidera constituye un extraordinario fenómeno acuífero cuya visita está sobradamente justificada no solo cuando las cascadas que escalonan las quince lagunas, hilvanando una con otra, son noticia puntual en los telediarios por estar desbordantes de agua tras unas copiosas lluvias. No en vano, su seña de identidad es casi única en el mundo. En toda Europa solo puede contemplarse este fenómeno de lagos superpuestos y en cadena en este oasis manchego y en el Parque Nacional de los Lagos de Plitvice, en Croacia, con la particularidad de que las aguas de las Lagunas de Ruidera son en realidad el drenaje natural de una buena parte del acuífero subterráneo del Campo de Montiel. Una de las cascadas más grandes y bellas es la que engarza la laguna Lengua con la Salvadora, hasta el punto de que en verano los bañistas se ponen a remojo bajo ella.

Hace millones de años, los montes que esculpen el Valle del Alto Guadiana, donde se encuentran las lagunas, estaban completamente unidos. Todo era llano en la parte de arriba de estos montes. De hecho, cuando se asciende hacia la famosa y quijotesca Cueva de Montesinos se aprecia claramente que se llega a esa llanura, pues el Campo de Montiel es una altiplanicie. En mitad de esa llanura el terreno se rajó por una falla sísmica. Y esa fractura se fue haciendo cada vez más ancha con el paso de los años. Y al mismo tiempo que fue ganando anchura, también fue ganando profundidad, hasta que llegó a pinchar el acuífero subterráneo. Esos pinchazos al acuífero hicieron que toda el agua del subsuelo brotara en manantiales y fuentes. Así es como surgieron los Ojos del Guadiana y así nació el río homónimo, dando lugar a numerosas historias y leyendas sobre el por qué se oculta y emerge de nuevo.

Las aguas caídas sobre el Campo de Montiel se infiltran en el acuífero 24 que tiene su rebosadero natural en esta zona, dando lugar al nacimiento del Guadiana Alto o Río Pinilla. Estas aguas, extraordinariamente ricas en carbonatos, a lo largo de miles de años de precipitación, han formado impresionantes barreras (presas naturales) que reciben el nombre de travertinos. Son unas barreras de toba caliza que actúan como una presa natural y embalsan el agua. En otoño y primavera, que es cuando el agua alcanza sus niveles más altos, el agua rebosa y va saltando en forma de cascada o torrentera.

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