Sobre este lugar
A escasos pasos del caserío de Alhambra, se sitúa el castillo sobre un cerro testigo de 806 m, en la antesala de las sierras de Alhambra, del Cristo y de los Bailones. La cima, formada por un roquero de toba sobre arcillas, marca el carácter del lugar: un balcón natural sobre un paisaje ondulado, con pequeñas elevaciones. Tradicionalmente, este entorno fue tierra de dehesas y paso ganadero, clave para entender la vocación del enclave.
Su emplazamiento explica también su larga trayectoria histórica. La zona tuvo un valor estratégico desde la Antigüedad, vinculada al territorio de la ciudad iberromana de Laminium. En el cerro se documentan indicios de ocupación omeya y, ya en época cristiana, la plaza se consolida tras las campañas posteriores a las Navas de Tolosa: a inicios del siglo XIII pasó a la Orden de Santiago. En 1241 se organiza la encomienda y en 1243 Alhambra obtiene fuero, reforzando su papel comarcal. La fábrica del castillo se sitúa entre mediados y el último tercio del siglo XIII, con usos administrativos y de control territorial durante toda la Baja Edad Media.
Hoy la visita permite reconocer una fortificación señorial de notable singularidad, en la que conviven tradiciones constructivas islámicas y cristianas. El castillo presenta una planta poligonal y estuvo rodeado por un antemuro, hoy conservado de forma parcial. Desde este espacio se accede a la puerta gótica de entrada, ejecutada en sillares, que aún mantiene visibles las marcas de cantero. En el interior se distinguen los lienzos de muralla y algunas estructuras asociadas al uso cotidiano, como una fresquera. Por último, la presencia de un palomar construido en el siglo XX constituye un testimonio elocuente de la reocupación popular de estas fortalezas cuando su función defensiva y administrativa ya se había extinguido.
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